martes, 30 de diciembre de 2014

Belinda Mesa Lorenzo - Vértigos - Nauseas - Ansiedad - etc.

Fecha: 30/12/14 
Nombre: Belinda Mesa Lorenzo 
Edad: 62 años 
Profesión: Maestra (Jubilada) 
Ubicación: Santa Cruz de Tenerife (España)


Mi madre sufrió durante 10 años la enfermedad de Alzheimer cuando aún casi ni había literatura sobre ella en las librerías. La sobrecarga emocional fue tan grande que me llevó a sufrir bruxismo (apretar y rechinar los dientes). Como consecuencia tuve problemas en las encías que me trataron con una férula de descarga durante unos siete años. Si saber que lejos de curar el problema lo estaba agravando. Ignoraba entonces que esta férula podía provocar males mayores años más tarde. 

Tiempo después de morir mi madre, terminé relajándome y dejé de usar la férula, ya no apretaba los dientes ni los rechinaba. Pero el 12 de Marzo de 2013 mi marido se queda sin trabajo cuando considerábamos que teníamos la vida resuelta. La preocupación y la tensión se mantiene en el tiempo, llevándome a sufrir bruxismo de nuevo. Por lo que, busqué la férula, la llevé a mi dentista, me la adaptó y dormía con ella otra vez. Y entre la férula, un latigazo cervical por un accidente de coche unos meses atrás y la tensión que vivía, el 4 de Octubre de 2.013, mientras nos atendían en una oficina de Adecco, empecé a sentirme terriblemente mal, con sudor que me recorrió el cuerpo y la sensación de que me mareaba. Me encendieron el aire acondicionando y me ayudó algo, así que nos marchamos y nos fuimos a casa. Sentía fuertes náuseas y cuando llegué a casa vomité mientras todo giraba. Este cuadro se repitió varias veces entre la tarde y la noche. Y mi vida a partir de ese día se rompió en mil pedazos. Mi estómago no toleraba nada, ni tomar agua. Lo mínimo que me obligaba a comer para poder vivir, se convertía, durante el tiempo que duraba la digestión, en un estómago lleno de aire que me obligaban a erutar continuamente hasta agotarme. Los cuadros extremos de vértigos se repitieron en dos ocasiones más. Una madrugada, Alerta Médica, acudió a casa porque llevaba horas vomitando, con vértigo, sin comer nada. Esa noche terminé ingresada unas horas en urgencias porque me había deshidratado. De tal forma, que mis venas estallaban al intentar ponerme una vía. Con el agravante de que sufro intolerancia química y las medicinas eran otro añadido para estar peor y mi estómago se quejara aún más. No podía tomar nada para frenar los vértigos, proteger el estómago, aliviar las contracturas o relajar los músculos y la ansiedad. Y a cada cuadro fuerte de vértigos, enfermaba aún más y más, Ya no sabía lo que era vivir sin mareo, vértigo e inestabilidad. Era un barco a la deriva en plena tormenta. 

A los vértigos y mareos se fueron sumando otros síntomas: agotamiento extremo donde cosas tan simples como vestirme o caminar me suponía una tarea casi imposible. Me costaba respirar hasta tal punto que una de las tres visitas a urgencias fue por esta razón. Tenía ruidos en los oídos en la noche y de día. Al hablar por teléfono tenía ruidos en el oído que no ponía el auricular. Taponamiento en los oídos, unos días en uno u otro o en los dos a la vez. Me contracturaba con el frío, los hombros y todo el trapecio. Y también sin frío tenía dolores en las cervicales, hombros, cráneo y fuertes contracturas. Dolores en la zona temporomandibular, en la boca, los dientes y me mordía con frecuencia. Acorchamiento de los laterales de la cara. Me costaba tragar la comida, sobre todo el desayuno. Me costaba hablar y no podía hablar en un tono alto o normal por lo que terminé contestando con monosílabos; y si me obligaba a hablar un poco más, me dolía la garganta. Crisis de ansiedad y ansiedad que aparecía de forma súbita sin razón aparente. Aunque estuviera pasando un rato feliz. Limitación en los movimientos del cuello. Sensación de que la boca no encajaba bien, no conseguía cerrarla muela con muela. No toleraba los ruidos fuertes (hiperacusia),ni podía ir al cine (me mareaban los ruidos y las imágenes en movimiento), ni ver la tele con mucho movimiento de imagen o estar en lugares con mucho ruido como un restaurante, ni usar el ordenador, ni usar tacones por la gran inestabilidad.. No podía viajar en tranvía ni autobús y en nuestro coche llevaba bolsas especiales por si vomitaba ya que tenía frecuentemente fuertes náuseas. Además de mi marido conducir lo más lento que estuviera permitido. No salía sola, no tenía ninguna autonomía. Pasaba el día sentada porque no podía estar mucho tiempo de pie y acostada me ponía peor, las horas y los días me parecían eternos. Mi vida era una auténtica miseria repleta de sufrimiento que no podía aliviar tomando medicamentos. La tensión la tenía siempre baja. El estómago me despertaba por la noche lleno de aire, o con fuertes náuseas y mareo. Siempre tenía llagas y heridas en la las encías y resto de la boca. Y la cara llena de granitos muy dolorosos. Y un síntoma que fue como una pesadilla: no me podía sentar en el coche después de almorzar, se me iba llenando el estómago de aire, de náuseas, de dolor y de mareo y ya no se me pasaba ese día. Perdí el sabor de los alimentos o tenían sabor metálico. Gran sequedad de ojos y boca. Boca ardiente. Al acostarme oía el latido del corazón en el oído izquierdo. No podía desplazarme en la oscuridad. Curiosamente, sufrí migrañas durante años, casi a diario, y al darme los vértigos, se me aliviaron bastante. Cambié vértigos por migrañas. 

De mi Doctora de cabecera (que fue mi apoyo moral en todo este tiempo) pasé a un especialista en vértigos, otorrino, digestivos, neurólogo, traumatólogo, fisioterapeuta, y fisioterapia y rehabilitación durante meses, tres veces a urgencias.... Y una carpeta llena de analíticas, resonancias, radiografías sin nada preocupante. Más el consejo de algunos de estos profesionales que me insinuaban con mucho tacto que visitara un psicólogo. Estaba tan desesperada que pensé que igual tenían razón. Así que pedí consulta con una psicóloga. Y cuando me oí decir que” mi único problema, el que me estaba amargando la vida, era que quería estar sana”, supe que aquel no era el especialista que necesitaba ni la solución. 

No tenía vida y me estaba muriendo. No podía alimentarme ni respirar bien y mi cuerpo se estaba consumiendo por el sufrimiento. Me pasaban de un profesional a otro, pero nadie me ayudaba. Me fui preparando mentalmente para morir. Y supe lo que era para muchas personas llegara una enfermedad terminal donde sólo quieres descansar, dejar de sufrir. 

Una tarde, y con mucho esfuerzo, me acerqué al ordenador y escribí en Google: “Mareos vertiginosos vespertinos” ya que en la tarde eran más fuertes. O si no tenía me daban en la tarde. Y me saltó la historia de una señora argentina llamada Claudia que vivía en Israel y que la había curado el Dr. Larena-Avellaneda en Las Palmas de Gran Canaria a donde ella finalmente se desplazó. Lloré sin parar mientras leí su historia-testimonio. Me identificaba con todo lo que contaba. Y, como ella, sentía que había un nombre para ese “algo” que me mantenía enferma. De alguna forma leer la historia de Claudia es leer mi historia; sobre todo en lo que a sufrimiento e incomprensión se refiere y a lo tocados que quedan los sentimientos. Mi marido y yo, sobrevivimos, gracias a que tenemos un bar-restaurante justo debajo de casa con menú económico pero de calidad y me subía algo que me preparaban adaptándolo a mi circunstancias y él comía allí. Así meses y meses. La familia y los amigos...todos tienen su vida, en tiempos difíciles. Tenía que esperar a que, mi marido, se pudiera acercar del trabajo, en el que estaba empezando, para almorzar. Hubo días que pasé horas y horas sin comer. No podía prepararme ni un desayuno. No era persona después de un cuadro de vértigos donde el mundo giraba a velocidad supersónica y repercute después en todo tu organismo. Te sientes muy enferma y muy débil. Había perdido masa muscular y bajado más de 14 kilos. Sentía mucha soledad porque las horas de pronto tenían hasta el triple de minutos. Mucho miedo a sufrir un cuadro de vértigo fuerte estando sola. Muchas noches y días con el cubo al pie de la mesita de noche por si vomitaba. Días en que dejaba abierta la puerta de salida, trabada con un papel, por si tenía que pedir ayuda que pudieran entrar, ya que yo no podía desplazarme en un cuadro fuerte. 

Busqué al Dr, Larena-Avellaneda en Internet y en su página concreté una consulta virtual. Me hice una ortopantomografía, con mucha dificultad pues ya me costaba trasladarme a las consultas y se la mandé. Me respondió que probablemente sufría CAT bilateral y que era la causa de mis síntomas actuales (mareos, nauseas y vértigos) y que además causaba anteriormente mis migrañas. Y que para confirmar el diagnóstico y establecer el tratamiento adecuado sería conveniente que me viera su colega en Santa Cruz de Tenerife o si lo prefería que acudiera a su Clínica en las Palmas de Gran Canaria. Que procurara dormir sólo de boca arriba, no usara la férula e hiciera dieta blanda, de cuchara, sin masticar. Ya estaba en el camino, pero cómo trasladarme a Las Palmas si casi no podía pasar el pasillo de mi casa... 

Así que opté por ir a la consulta de La Dra. Carlota Martínez Wallín. Su colega aquí, en Tenerife. De las cuatro veces que fui a su consulta casi no recuerdo sino mi desespero por poder contarle lo mal que me encontraba y poder recordar lo que me aconsejaba. No es fácil bajo un estado constante de mareo vertiginoso, falta de concentración y una debilidad extrema. A cada orden que me daba yo no tenía fuerzas para cumplirla y dejaba de hacerlo. Dormir boca arriba me producía mucho dolor en las cervicales, que están muy tocadas después de tres accidentes de coche y tres discos que casi no existen y artrosis. Y los ruidos en los oídos eran insoportables por lo queme volví a poner la férula que me los aliviaba algo con lo que seguí agravando el problema. Era duro para mi añadir más sufrimiento a mis debilitadas fuerzas. Y llegué a un estado tan lamentable que le escribí con gran esfuerzo, un e-mail, a la Dra. Carlota Wallín, desde mi móvil. El ordenador no podía ni tocarlo sin que me desencadenara los vértigos. E-mail que era más bien un grito desesperado pidiendo ayuda. Le explicaba mi estado en ese momento y terminaba así: 

 “...usted y el Dr. Larena son mi esperanza. Con todo el respeto que usted merece le pregunto si la hay en mi caso. Cada semana me debilito más no sólo físicamente sino ya moralmente porque echándole todo el valor no tengo mejoría. Algo no va y es difícil de explicar a los que te rodean. Y ya hasta para mi. Todos los días le pido a Dios que me de un camino a la curación. No puedo más y este es el motivo de mi e-mail. A la consulta siempre voy mal ya que por la tarde me pongo peor. Carlota, discúlpeme por este mensaje que le escribo como un ancla que me sujete a las ganas de vivir y luchar por estar bien. Perdóneme si le molesto. Muy agradecida por leerme. Belinda” 

La Dra. Carlota Wallín respondió que me ayudaría y que hablaría con el Dr. Larena de mi caso. Entre los dos consideraron que era mejor que fuera a Las Palmas, ya que en caso de operarme además se complicaba con mi intolerancia a los medicamentos. Pero que tenía que empezar ya con una dieta blanda y dormir boca arriba con una almohada especial para conseguirlo, además de no hacer nada que me obligara a estar mucho tiempo con la cabeza baja como escribir en el ordenador, leer (que lo tengo que hacer con un atril), coser, planchar, hablar mucho y sobre todo por teléfono, ver la tele acostada en la cama, tomar agua directamente por una botella... No tengo palabras para hablar de la Dra. Carlota Wallín: amable, guapa por dentro y por fuera y una profesional entregada y bondadosa. Le estaré eternamente agradecida. Y por fin entendí que tenía, de entrada, que cambiar unos dolores por otros si eso me salvaba la vida. 

Y a los pocos días de dormir boca arriba y dieta blanda empecé a mejorar. Mis mareos ya no eran tan intensos y hasta me daban un respiro, lo que me permitió viajar a Las Palmas donde el Dr. Larena confirmó el diagnóstico de CAT bilateral. Y me explicó que mi mandíbula inferior se desplazaba hacía delante, rozando en el maxilar superior y presionando los nervios que pasaban por esta zona, como el trigémino que me producía las migrañas y las inexplicables crisis de ansiedad. Que, en mi caso, me había presionado aún más el nervio vago que pasaba por el estómago y que producía lo que yo decía ”que mi estómago se había olvidado de funcionar” y el pulmón por lo que sufría los problemas respiratorios. Todo empezaba a tener sentido. 

Volví a la semana siguiente a Las Palmas y me quedé dos días, me iban a poner el aparato equilibrador que corregiría y curaría el CAT y mejor quedarme más tiempo por si me molestaba. Primero el Dr. Larena me hizo un tallado selectivo, que me quedó perfecto y nada más terminar podía cerrar las boca y unir muela con muela, importante al agachar las cabeza para que no haya protrusión de la mandíbula. Me hizo los moldes para el aparato y me los pusieron por la tarde. Era el14 de Mayo de 2.014 y mi problema, que siempre estuvo ahí, se exacerbó el 4 de octubre de 2.013.Casi ocho meses de terrible pesadilla. El ambiente en la consulta es distendido y todos son muy amables, te olvidas que estás en la consulta de una clínica dental. 

Me adapté al equilibrador de inmediato y nunca me ha molestado. Lo tengo que llevar por un año de entrada. Me lo quito sólo para comer y me lo pongo nada más terminar. Voy todos los meses a una revisión a Las Palmas y si es necesario el Dr. Larena lo regula. Y en la revisión del 29 de Septiembre de 2.014, mi mandíbula estaba en su sitio. Ahora imagino tendrá que fijarse. Y probablemente no tenga que operarme, ya que todos los síntomas que me aquejaban prácticamente han desaparecido. Aunque siempre me dijeron que la recuperación era lenta, en mi caso, a pesar de haber llegado a estar muy enferma ha sido mucho más rápida de lo que pensaba. Aún queda camino por andar, pero forma parte de mi día a día y he recuperado mi vida. Voy al cine, a un restaurante, a las reuniones familiares, veo la tele, leo con atril, cocino, viajo en autobús o tranvía, salgo sola y con tacones, y voy sola a las revisiones a Las palmas. Salgo a caminar todos los días. Y ya consigo dormir bien de boca arriba, sin dolores de cervicales y espalda. Pero sigo cumpliendo con todas las posturas y normas que podrían, de no hacerlo, perjudicarme. 

Aunque viviera cien años no es suficiente para agradecer al Dr. José Larena-Avellaneda Mesa, que me devolviera la vida. Usted, Doctor, ha sido y es mi milagro. Los milagros existen pero hay que perseguirlos. 
                                                                         Belinda Mesa

Vídeo Testimonio de Belinda 2 años después (diciembre 2016):

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